“El terrorismo sionista, que ha manifestado sus tendencias sanguinarias al menos desde los años treinta, no ha logrado aterrorizar a los palestinos. Ellos sufren, mueren, pero no pierden la determinación de combatir por sus derechos elementales. (…) Por último, es necesario recordar otra forma de terrorismo, más dulce, que se puede definir con precisión como terrorismo intelectual. Para poder cometer su crimen de robo de tierras y genocidio, los sionistas necesitan neutralizar la opinión pública internacional, de paralizarla, con inyecciones regulares de ‘memoria holocáustica’ y de relatos mitológicos sobre el ‘sufrimiento’ supuesto de los judíos en la historia de Europa y del mundo musulmán”.

(Serge Thion, Introduzione: AA. VV., Sul terrorismo israeliano, Graphos, Génova 2004, pp. 29-30)

 

Religio holocáustica

Al atribuir al término “mito” el significado habitual de “hecho ejemplarmente idealizado en correspondencia con una carga de excepcional y difundida participación fantástica o religiosa”[i], y utilizando la expresiónmythes fondateurs” para indicar los mitos sobre la fundación, el objetivo y la organización de una entidad sociopolítica, Roger Garaudy (1913-2012) tituló Les mythes fondateurs de la politique israélienne[ii], un libro que de personaje famoso lo convirtió en indigno.  Entre los mitos fundacionales del régimen de ocupación sionista instalado en Palestina, el filósofo francés menciona también el “mito del Holocausto”. La naturaleza “mitológica” de lo que se narra bajo este nombre fue reiterada por el presidente de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadinejad, en su intervención del 11 de diciembre de 2006, en la sesión de apertura de la Conferencia Internacional de Teherán titulada “Discutir el Holocausto: perspectiva internacional”. “El presidente Ahmadinejad – dijo en aquella ocasión el profesor Robert Faurisson (1929-2018) – usó la palabra justa: el pretendido ‘Holocausto’ de los judíos es un ‘mito’, es decir, una creencia mantenida en vida por la credulidad o la ignorancia. En Francia, es perfectamente lícito proclamar que no se cree en Dios, pero está prohibido decir que no se cree en el Holocausto, o simplemente que se duda de ello. (…) Así pues, Francia no tiene más que un mito oficial, el del ‘Holocausto’, y no conoce más que un blasfemo: el que ultraja el ‘Holocausto'”[iii].

No se trataba de una exageración del profesor Faurisson: en Francia, el mito holocáustico se convirtió en verdad oficial el 14 de julio de 1990, cuando en la fiesta nacional se celebró con la publicación, en el “Journal Officiel de la République française”, del texto legislativo contra las actividades historiográficas revisionistas[iv]. “Serán castigados (…) – decía la ley Fabius-Gayssot – aquellos que impugnen (ceux qui auront contesté) (…) la existencia de uno o varios crímenes contra la humanidad (crimes contre l‘humanité) tal como se definen en el artículo 6 del Tribunal Militar Internacional anexo al Acuerdo de Londres del 8 de agosto de 1945 y que han sido cometidos (qui ont été commis) o por miembros de una organización declarada criminal, en aplicación del artículo 9 de dicho Estatuto, o por una persona declarada culpable de tales crímenes por una jurisdicción francesa o internacional (française ou internationale)”. El Acuerdo de Londres, asumido como base de la ley liberticida francesa, es aquel según el cual los vencedores de la Segunda Guerra Mundial establecieron un tribunal militar para ejercer su venganza sobre los derrotados.

El mito holocáustico, el principal entre los mitos fundacionales del régimen sionista, reviste pues, el carácter de un dogma, ya que, como si fuese un axioma o un postulado, no es lícito someterlo a examen crítico o a discusión, sino que debe necesariamente ser acogido como verdadero.

El término holocausto, usado para expresar lo que antes se llamaba “exterminio de los judíos” o “genocidio[v] del pueblo judío”, ya estaba presente en una publicación del Congreso Mundial Judío de 1943[vi], pero fue lanzado por Elie (Eliezer) Wiesel (1928-2016)[vii] y tuvo una enorme fortuna a partir de abril de 1978, cuando la cadena televisiva estadounidense NBC emitió la miniserie titulada: Holocaust. The Story of the Family Weiss, dirigida por Marvin J. Chomsky [viii]. El vocablo en cuestión deriva, a través del tardo latín holocaustum, –i, de la forma adjetival griega ὁλόϰαυστος, -ον e ὁλόϰαυτος, -ον (compuesta de ὅλος, -η, -ον ‘entero’ y el tema verbal de ϰαίω ‘quemar’), las cuales se refieren a una víctima ritual que, después de ser inmolada, fue completamente quemada, de modo que ninguna parte comestible de ella podía ser consumida. Al tratar los sacrificios desde el punto de vista de las funciones y los derechos del sacerdocio, el Levítico establece que esta ofrenda corresponde enteramente y exclusivamente a Jehová, por lo que ni al sacerdote ni a la comunidad les será lícito comer de sus carnes: “Esta es la ley de la ofrenda de un holocausto (…) Toda ofrenda sacrificial del sacerdote será quemada entera y no se tendrá que comer”[ix].

Así se ha desarrollado la llamada “teología del Holocausto”, que “intenta afrontar, con diversas opiniones contrastantes, el rol de Dios en el universo y en el mundo del género humano, a la luz del Holocausto ocurrido desde los primeros años de 1930 hasta 1945”[x](sic). Hay teólogos que niegan la existencia de Dios argumentando que, de existir, habría impedido el Holocausto; otros oponen la tesis según la cual Dios existe, sí, pero no es omnipotente. Otros, remitiéndose a la literatura rabínica clásica, afirman que es necesaria una gran catástrofe para que pueda producirse un milagro grandioso; y el Holocausto ocurrió para que el milagro del nacimiento de Israel pudiera ocurrir.

Parece como si a la fase de la secularización y de la “muerte de Dios” hubiera seguido, en el ciclo de la “civilización occidental”, una fase de reevangelización bajo el signo de una paródica religión postmoderna y que ha sido llamada religio holocáustica[xi]. Se trata, en efecto, de una religio (en la acepción lucreciana y oraciana[xii] del término) que tiene sus peculiares mártires y santos, sus fiestas litúrgicas, sus milagros, su hagiografía, sus lugares de peregrinación e incluso un criterio específico para registrar la historia, por lo que ya no hay un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, sino un “antes de Auschwitz” y un “después de Auschwitz”. Y dispone también de una especie de sanedrín, que emite condenas por blasfemia contra cuantos se atreven a someter a investigación racional los acontecimientos de su “historia sagrada” y decreta la quema de los “libros prohibidos”[xiii].

Sin embargo, el término holocausto fue considerado inapropiado por los propios levitas de la nueva religio, ya que, a más de tener su origen en una lengua goyīm, podría sugerir la idea – inaceptable – de que el exterminio de los canónicos seis millones de judíos[xiv] haya sido una ofrenda piadosa a Jehová, ¡realizada por sacerdotes paganos! Por lo tanto, se adoptó la palabra hebrea shoah (שואה), más o menos “tormenta aniquiladora”, que se utiliza, por ejemplo, en las predicciones de desventura contenidas en el lamento de Isaías sobre Babilonia: “Vendrá sobre ti la tormenta aniquiladora, sin que te des cuenta, y caerá sobre ti; vendrá sobre ti una desgracia de la que no podrás quedar indemne; de repente vendrá sobre ti la aniquilación, sin que te des cuenta”[xv].

La pretendida singularidad del llamado “Holocausto” (o “Shoah” si se prefiere)

En los términos Holocausto y Shoah se encuentra expresada una supuesta particularidad de un evento-símbolo, que “instituye de por sí una distinción cualitativa absoluta respecto a todos los demás exterminios de la historia”[xvi], de modo que un historiador de la colonización de las Américas pudo escribir que “los hagiografos del Holocausto (…) sostienen la singularidad de la experiencia judía con toda la energía y la ingenuidad de los zelotes de la teología”[xvii]. De hecho, según teólogos, parateólogos y devotos de la nueva religio, el Holocausto – o, si se prefiere, la Shoah – sería “un acontecimiento único en la historia de la humanidad”[xviii]. Para determinar el carácter único del evento y hacerlo inigualable con cualquier otro exterminio ocurrido en los siglos pasados sería – se lee en el sitio de la Comunidad judía de Roma – “el gigantesco número de víctimas; luego el hecho de que el Reich se había fijado el objetivo de eliminar a todos los judíos del mundo entero, dondequiera que estuvieran, sin fronteras territoriales. Para Hitler se trataba de buscar, encontrar, matar a todos los judíos, sacarlos del mundo entero, de todas partes.[xix](sic).

Sobre la audaz afirmación que atribuye al Führer el proyecto de eliminar a toda la población judía mundial no es, obviamente, necesario detenerse. Según la versión más… moderada, la orden de exterminar a los judíos solo afectaba a los territorios ocupados por el Reich; pero, así como no existe ningún documento que demuestre una orden de este tipo, se remedia argumentando que la orden se impartió solo verbalmente e interpretando como “exterminio” la palabra Endlösung (“solución final”) contenida en el llamado “Protocolo de Wannsee”[xx]. Es una lástima, sin embargo, que el informe pericial realizado sobre ambas versiones del supuesto informe termine con esta afirmación contundente: “El examen del llamado Protocolo de Wannsee y de los escritos relacionados concluyó que estos documentos no son auténticos”[xxi].

En cualquier caso, incluso tomando por buena la cifra mitológica de los seis millones [xxii], sería imposible estar de acuerdo con la afirmación de Abba Eban (1915-2002), viceprimer ministro y luego ministro de Asuntos Exteriores del régimen sionista, de que el llamado Holocausto representaría “la tragedia más espantosa que jamás haya sufrido una nación o un grupo étnico (…) la más horrible hecatombe de la historia”[xxiii]. Cabe destacar, a este respecto, la significativa reiteración del primado holocáustico ya reivindicado por Flavio Josefo en relación con la “guerra judía” que terminó en el 70 d.C. “El número de víctimas – escribía el historiador judío – es superior al de cualquier exterminio realizado por mano humana o divina”[xxiv].

En honor a la verdad, parece que el mayor exterminio de la historia es el cometido por los colonizadores del Nuevo Mundo: el historiador David E. Stannard (1941- ) ha establecido que “el peor holocausto al que el mundo ha asistido” es aquel que con la colonización de las Américas “destruyó decenas de millones de vidas humanas”[xxv], el politólogo Rudolph Rummel (1932-2014) evaluó en un máximo de 15 millones las víctimas de lo que él llama “uno de los democidios más sangrientos de la historia mundial”[xxvi].

En todo caso, los sionistas, imponiendo el dogma de la “unicidad” del Holocausto y “teniéndose por las víctimas exclusivas, creando, a pasos agigantados, un Estado de Israel, y, a pesar de los 50 millones de muertos de esa guerra – acusa Garaudy -, haciéndose las víctimas casi únicas del hitlerismo, [colocaron su estado] por encima de cualquier Ley para legalizar todas sus exacciones exteriores o interiores”[xxvii]. El profesor Faurisson aumentó la dosis: “Las pretendidas cámaras de gas hitlerianas y el supuesto genocidio de los judíos forman una sola y misma mentira histórica. Esta mentira histórica ha permitido una gigantesca estafa (escroquerie) político-financiera, cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán, pero no sus dirigentes, y el pueblo palestino en su totalidad”[xxviii].

Traducción: Francisco de la Torre


NOTE

[i] Giacomo Devoto – Gian Carlo Oli, Il dizionario della lingua italiana, Le Monnier, Firenze 2000-2001, p. 1288.

[ii] Roger Garaudy, Les mythes fondateurs de la politique israélienne, “La Vieille Taupe”, organe de critique et d’orientation postmessianique (fuori commercio), n. 2, inverno 1995; 2a ed. 1996; Los mitos fundacionales del Estado de Israel. Historia XXI, Barcelona, 1a ed. dic. 1997.

[iii] Robert Faurisson, Vittorie revisioniste. Intervento di R. Faurisson al Convegno di Teheran (11 dicembre 2006), Effepi, Genova 2007, p. 9.

[iv] Para una bibliografía del revisionismo hasta el 2002, cfr. Jean Plantin, Bibliographie révisionniste sur la “solution finale de la question juive” et sur le révisionnisme (jusqu’à 2002), Graphos, Genova 2003.

[v] Término acuñado por el abogado judío Raphael Lemkin (1900-1959), asesor en el Proceso de Nuremberg.

[vi] World Jewish Congress (British Section): National Conference Oct. 23rd and 24th, 1943. Report of the Executive Officers and Proceedings, London 1943, p. 11.

[vii] “La palabra fue ‘inventada’ por Elie Wiesel, escapado de Auschwitz y premio Nobel de literatura. En numerosas entrevistas, Elie Wiesel explicó que el uso de la palabra ‘holocausto’ nació de su analogía entre el sacrificio de Isaac y la destrucción de los judíos. Por la década de los cincuenta, la palabra holocaust también se usaba con mucha frecuencia en las publicaciones de Yad Vashem” (Giovanni De Martis, Olocausto, Shoah, memoria, http://holokaustos.org, 23 de marzo de 2002).

[viii] “Emitida en los Estados Unidos desde el 16 al 19 de abril de 1978, en la red NBC, en 4 episodios de 120 minutos; en Italia, la miniserie se emitió desde el 20 de mayo al 19 de junio de 1979, en la primera noche de la RAI 1, dividida en 8 episodios de 60 minutos. Posteriormente fue reproducida en los Fininvest del 4 al 25 de mayo de 1986, cada domingo en horario estelar en el Canal 5, dividida en las 4 entregas originales. En el mismo año, la miniserie integral fue publicada por Deltavideo en un paquete de 3 VHS, utilizando un nuevo doblaje realizado en Milán. La miniserie volverá una última vez a la televisión, siempre en la versión en 4 episodios, sobre Italia 7 durante cuatro domingos consecutivos del 12 de febrero al 5 de marzo de 1989. En 2010, Dall’Angelo Pictures distribuyó la miniserie completa en un estuche de 3 DVD, utilizando el doblaje original de la versión Rai. Al igual que en la edición estadounidense, el rodaje se redujo en 30 minutos y se amplió a una duración total de 445 minutos”. Olocausto, en la Wikipedia.

[ix] “Οὗτος ὁ νόμος τῆς ὁλοϰαυτώσεως ( …) ϰαὶ πᾶσα θυσία ἱερέως ὁλόϰαυτος ἔσται ϰαὶ οὐ βρωθήσεται” (Levitico, 6, 1-16, trad. Settanta).

[x] Teología del Holocausto, Wikipedia. https:/it.wikipedia.org.

[xi] Gianantonio Valli, Holocaustica religio. Fondamenti di un paradigma, Effepi, Genova 2007.

[xii] “Tantum religio potuit suadere malorum” (Lucrezio, I, 101). “‘Vin tu / curtis Iudaeis oppedere?’ ‘Nulla mihi’ inquam / ‘relligio est’” (Orazio, Satire, I, 9, 69-71).

[xiii] El tribunal de Barcelona, a instancias del Centro Simon Wiesenthal y de “SOS-racismo-España”, en 2013 condenó a la hoguera a 20.972 ejemplares de varios “libros prohibidos”.

[xiv] “Es sin duda curioso, para cualquiera que se haya interesado mínimamente en el problema holocaustico, observar que la cifra ‘mágica’ de seis millones, intangible ope legis a despecho de toda lógica aritmética, no nació inmediatamente después de la segunda guerra mundial, sino que ya circulaba, siempre indicando el exterminio judío, desde medio siglo antes(AA. VV., Le profezie dei sei milioni. Sei milioni: l’uso reiterato di una cifra nella propaganda, Effepi, Genova 2019, p. 7). Este libro contiene más de 250 citas (casi todas procedentes de la prensa judía y estadounidense), ordenadas cronológicamente entre el 11 de junio de 1900 y el 30 de noviembre de 1945, en las que aparece la citada cifra “mágica”.

[xv] “ϰαὶ ἥξει ἐπὶ σὲ ἀπώλεια , ϰαὶ οὐ μὴ γνῷς, βόθυνος, ϰαὶ ἐμπεσῇ εἰς αὐτόν  ϰαὶ ἥξει ἐπὶ σὲ ταλαιπωρία, ϰαὶ οὐ μὴ δυνήσῃ ϰαθαρὰ γενέσθαι  ϰαὶ ἥξει ἐπὶ σὲ έξαπίνης ἀπώλεια, ϰαὶ οὐ μὴ γνῷς” (Isaia 47, 11, trad. Settanta).

[xvi] Francesco Coppellotti, La questione tedesca: chiave di volta del revisionismo, in: AA. VV., Revisionismo e revisionismi, Graphos, Genova 1996, p. 48.

[xvii] David Stannard, Uniqueness as Denial, en: Alan Rosenbaum (a cura di), Is the Holocaust Unique?, Boulder 1996, p. 193.

[xviii] Fabrizio Conti, “La Shoah, evento unico nella storia” – Intervista a Fiamma Nirenstein, “Shalom”, Comunità ebraica di Roma, 23 gennaio 2022. www.shalom.it

[xix] Ibidem.

[xx] Il Protocollo della conferenza di Wannsee. Un dossier, Effepi, Genova 2005.

[xxi] Roland Bohlinger – Johannes Ney, Perizia sulla questione dell’autenticità del cosiddetto Protocollo del Wannsee e degli scritti ad esso connessi, Effepi, Genova 2018.

[xxii] Para una estimación demográfica del judaísmo europeo y mundial, antes y despupes de la segunda guerra mundial, cfr. Franco Deana, L’attendibilità delle statistiche sulle popolazioni ebraiche e delle cifre sull’olocausto, in Studi revisionistici, Graphos, Genova 2002, pp. 45-67. Véase también: Richard Harwood, Ne sono morti davvero sei milioni?, Effepi, Genova, 2000 y Frank H. Hankins, Quanti furono gli ebrei eliminati dai nazisti?, Effepi, Genova 2007.

[xxiii] Abba Eban, Storia del popolo ebraico, Mondadori, Milano 1971, pp. 358-359.

[xxiv] “πᾶσαν γοῦν ἀνθρωπίνην ϰαὶ δαιμονίαν φθορὰν ὑπερβάλλει τὸ πλῆθος τῶν ἀπολωλότων” (Flavio Josefo, Bellum Iudaicum, VI, 9, 4).

[xxv] “the worst human holocaust the world had ever witnessed, roaring across two continents non-stop for four centuries and consuming the lives of countless tens of millions of people” (David Stannard, Were American Indians the Victims of Genocide?, “History News Network”, http://hnn.us). Cfr. D. Stannard, American Holocaust: The Conquest of the New World, Oxford University Press, 1992.

[xxvi] “one of the bloodier, centuries long, democidies in world history” (Rudolph Rummel, http://www.hawaii.edu).

[xxvii] Roger Garaudy, Los mitos fundacionales del Estado de Israel, p. 134.

[xxviii] Robert Faurisson, cit. en: Vincent Monteil, Le pret-à-penser au tribunal de l’Histoire, en: AA. VV., Intolérable intolérance, Éditions de la Différence, París 1981, p. 139.  El 11 de enero de 1995, el profesor Faurisson reiteró: “Hoy no me retractaría de esta declaración, a pesar de los ataques físicos, los juicios y las multas que he sufrido desde 1978 y a pesar del encarcelamiento, el exilio o la persecución de tantos revisionistas. El revisionismo histórico es la gran aventura intelectual de este fin de siglo. Sólo lamento una cosa: no haber podido encontrar, dentro de los límites de este artículo, el espacio necesario para rendir homenaje al centenar de autores revisionistas que, después del francés Paul Rassinier y pasando por el estadounidense Arthur R. Butz, el alemán Wilhelm Stäglich, el italiano Carlo Mattogno y el español Enrique Aynat han acumulado una obra de valor excepcional sobre la realidad histórica de la Segunda Guerra Mundial” (R. Faurisson, Auschwitz: i fatti e la leggenda, Effepi, Génova 2003, págs. 15-16).


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