En este comienzo del siglo veintiuno asistimos a la ruptura de las relaciones de fuerza entre las naciones, así como fueron concebidas a fines del Novecientos. En particular, asistimos al surgimiento de nuevas potencias como actores de primer orden en el escenario global: países como China, Rusia, India, Brasil, quienes han sabido proponerse e imponerse como verdaderas insidias y alternativas a la supremacía occidental. Sobre este tema se discutió en la cena social del 14 de febrero en Villa Nazareth con el profesor Tiberio Graziani, uno de los más grandes expertos italianos de geopolítica y director de la revista «Eurasia».

A partir desde una análisis detallada sobre la situación actual en la que los EE.UU. cubre el papel de mayor potencia mundial, el prof. Graziani recorrió las que fueron, durante el siglo pasado, las principales líneas políticas llevadas adelante por las grandes potencias mundiales con respecto al continente eurasiático. Una aproximación que, sobre todo por lo que concierne los Estados Unidos, se ha revelado de una forma todo lo contrario que pacífica y constructiva: en el curso del siglo pasado los dirigentes de Washington emprendieron una serie de acciones que luego pasaron a la historia como “política de la anaconda”. Mucho antes del segundo conflicto mundial los estrategas americanos habían lanzado una campaña de penetración hacia la zona suroriental de Asia, utilizando las islas Filipinas como avanzada estratégica para esta política agresiva que en poco tiempo produjo roces con Japón, cuyo epílogo fue la guerra más sanguinaria en la historia de la humanidad. Un conflicto que, sin embargo, en cierto sentido, hizo propia las suerte de los americanos: los grandes imperios coloniales europeos, en particular, los de Francia e Inglaterra, se desmoronaron en poco tiempo, cómplices las inmensas destrucciones de la guerra de Europa, y en el mundo empezaban a manifestarse los primeros síntomas de un nuevo, peligrosísimo juego que sucesivamente adoptará el nombre de Guerra Fría. Y, en aquellos años, los EE.UU. se empeñaron en la reconstrución de Europa y la diseminaron con sus propias bases militares, le sacaron provecho al discurso del “miedo rojo” para proponer e imponer a los nuevos Estados satélites la propia égida y el propio rol de gendarmes del mundo. El profesor Graziani se detuvo también a analizar el aspecto ideológico del predominio americano: una visión del mundo extremadamente dialéctica, que olvida las relaciones y las influencias recíprocas que han aunado durante los siglos a los pueblos y a las civilizaciones de Eurasia para mostrar un aspecto de los hechos muy diverso de la realidad. Fue entonces que se creó y se llevó adelante el concepto de “choque de civilizaciones”, el cual justifica e invoca la venida de un “gendarme del mundo” representado por los Estados Unidos, versión “agigantada” de la doctrina Monroe. Y las consecuencias que sucesivamente tuvo la hegemonía americana en los diversos aspectos de la vida y de la cultura, como en la política, la economía e incluso en el elenguaje, ha sido un vehemente intento de querer imponer la propia visión del mundo. No obstante, a principios del nuevo siglo, esa formulación unipolar del mundo que se impuso después de la caída del bloque soviético, resulta como nunca antes en crisis. Y no sólo por el rápido surgir del cuarteto Brasil, Rusia, India y China, como nuevas potencias regionales y mundiales, sino que también por las nuevas dificultades que la potencia hegemónica enfrenta diariamente. Nuevas potencias regionales emergen en América Latina, Árica y Asia, abriendo sus mercados y sus competitivas reservas energéticas al mundo, a menudo ofreciendo, mientras tanto, nuevos modelos económicos y sociales. Y hasta países que, desde hace años, desempeñan el papel de aliados de los EE.UU., como Europa Occidental, Japón, Medio Oriente y América Latina cada vez con mayor frecuencia se preguntan cuánto pueda ser ventajoso mantener el status quo de los hechos y si y cómo intentar desvincularse de la égida del gigante americano. Un papel, este últino, que también Washington no estaría dispuesto a abandonar con facilidad. Por esta razón, si bien cada uno pueda nutrir en el porvenir más cercano o más remoto sus mejores esperanzas, permanece de todas formas un evidente factor de incertidumbre por lo que concierne la actitud que las potencias del mañana asumirán en las relaciones internacionales del nuevo contexto bipolar. La esperanza del profesor Graziani, atestiguada por el mismo título de la revista es que, bajo este aspecto, las poblaciones de Eurasia no olviden el patrimonio común que milenios de historia han dejado tras de sí, y que los legados del pasado que las aunan puedan apoyarse sobre las bases de una convivencia pacífica y de cohesión que sea de recíproco interés.

(trad.  V. Paglione)

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