Sin dudas Hugo Rafael Chávez Frías, actual presidente de la República Bolivariana de Venezuela, es un personaje central en la dinámica de las relaciones internacionales de la región. En este artículo nos proponemos usar algunos elementos teóricos que fueran desarrollados por el filósofo economista Max Weber (1864-1920), que consideramos útiles para comprender más nítidamente el peso del liderazgo del presidente. Los límites del presente trabajo lógicamente no permitirán un análisis exhaustivo del liderazgo chavista; sin embargo los elementos que aportemos nos ubicarán mucho mejor al momento de comprender la realidad interna venezolana y su proyección al ámbito exterior.

En la primera sección intentaremos describir el proceso de construcción de su liderazgo carismático -a lo largo del tiempo- mencionando aspectos teóricos descriptos por Weber. Teniendo en mente la fuerza política que significa su persona, analizaremos en la segunda sección la situación interna de cara a las elecciones presidenciales de octubre; para finalmente pensar la política internacional de Chávez. Aquí nos serviremos del aporte que Roberto Russell y Juan G. Tokatlian[1] hicieran sobre los modelos de política exterior de América Latina.

 

I-La construcción del líder

Corría el año 1992, la sociedad venezolana organizada en torno al petróleo, estaba-y aún lo sigue estando-profundamente polarizada. El oro negro venía a ser el gran muro que separaba a sectores de elite -beneficiados por los recursos fiscales que la actividad generaba- de amplias mayorías signadas por la injusticia social.

El 4 de febrero Hugo Chávez irrumpe en la escena política al encabezar un frustrado Golpe de Estado al presidente Carlos Andrés Pérez. El por entonces Comandante del Batallón de Paracaidistas es consiente de la derrota y asume la responsabilidad del movimiento militar sublevado, pero desde ese momento ya no habría vuelta atrás: la construcción de poder iniciaba.

Desde prisión su figura irá adquiriendo los rasgos propios de un liderazgo carismático. Durante su estadía en la cárcel suscribe un manifiesto titulado ‘Como salir del laberinto’ donde plantea soluciones a la inmensa crisis que golpea duramente a los sectores más débiles de la población venezolana[2]. Desde allí dirige al Pueblo mensajes, convoca a la abstención en las elecciones presidenciales de 1993 mientras no deja de ganar cada vez mayor apoyo y mitificarse como héroe popular.

Max Weber define al carisma del líder como: “(…) la cualidad, que pasa por extraordinaria (…)” y aclara: “El modo como habría de valorarse “objetivamente” la cualidad en cuestión (…) es cosa del todo indiferente en lo que atañe a nuestro concepto, pues lo que importa es cómo se valora “por los dominados” carismáticos, por los “adeptos”[3].  Por lo cual, parafraseando a Weber, el modo como habría de valorarse objetivamente el carisma de Chávez es indiferente, pues lo que importa es cómo es valorado por sus adeptos. En este sentido es inobjetable que una mayoría de la sociedad, cansada de la marginación a la que era sometida por la aplicación de medidas económicas de corte neoliberal, vio en la figura de Chávez una alternativa al desigual sistema político tradicional y por ello le brindó su apoyo.

Las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 le permitieron a Chávez dar un paso más en la consolidación del liderazgo; dice Weber al respecto: “En el caso de que no sea puramente efímera sino que tome el carácter de una relación duradera (…) la dominación carismática (…) tiene que variar esencialmente su carácter: se racionaliza (legaliza) o tradicionaliza… (…)[4]”. Así, triunfando con el 56, 5% de los votos, su figura se legitimaba y se “rutinizaba” al establecerse como el gobierno legal-racional del Estado venezolano.

La llegada a la presidencia vino a verificar aquella consideración que expresa: “El carisma es la gran fuerza revolucionaria en las épocas vinculadas a la tradición[5]”. Su ascenso al poder significó una variación de la conciencia y de la acción de un Pueblo que por tradición se encontraba marginado. Chávez, revolucionando las estructuras, lo colocó como principal sujeto político. La Constitución Nacional fue modificada, se puso fin al bipartidismo, el vínculo con el Pueblo estaba consolidado, la misión del líder se encarnaba en la llamada revolución bolivariana[6].

 

II-Dimensión interna

Chávez en el poder significó la continuidad de una elevada conflictividad social. Pese a los cambios introducidos, persistieron ciertas características de la “Democracia Puntofijista[7]” persistieron-burocratismo, corrupción, ineficiencia institucional.

Las elecciones parlamentarias de 2010 expresaron el desgaste en la base social de la revolución: el oficialismo perdió la mayoría calificada-de dos tercios- en la Asamblea Nacional.  La cuestión adquiere relevancia si pensamos en las elecciones presidenciales de octubre de 2012. Chávez ganaría pero no holgadamente, lo cual dejaría con bases muy débiles un proyecto político que necesita de bases fuertes para llevar adelante reformas revolucionarias que apuntan a lograr el socialismo del siglo XXI.

La enfermedad de Chávez suma una dificultad extra. Los líderes carismáticos raramente son fáciles de sustituir, por lo cual la vida del presidente está estrechamente asociada a la vida del proyecto. Roger Noriega-ex secretario de Estados Unidos ante la OEA- se pronunció al respecto acusando la existencia de un plan militar de emergencia que aseguraría la supervivencia del régimen en caso de desaparición física del líder[8].

Hasta 2010 la oposición había sido dura solo en términos de violencia (responsable del fallido golpe de Estado de 2002 y del paro patronal petrolero del mismo año) pero no tenía peso popular. Ahora, asesorada externamente, dio un giro estratégico mostrándose ante el mundo como la resistencia al “régimen totalitario”. Aun así el oficialismo sigue seguro sobre la capacidad desestabilizadora de sus oponentes; al respecto Hugo Chávez advirtió el pasado 11 de abril de 2012 sobre una nueva conspiración en su contra, ante lo cual ordenó la creación de un Comando Especial “Antigolpe”.

 

III-Relaciones internacionales

Los años ’90 fueron la década de un casi total alineamiento latinoamericano hacia Washington; fue precisamente Hugo Chávez-hacia finales de siglo-el primero en abandonar aquella estrategia.  De acuerdo a la tipología de Russell y Tokatlian, Venezuela se embarcaría-sobre todo  después de 2002- en un modelo de política exterior denominado desafío.

Chávez identificó  a EEUU como un enemigo, por lo cual se encaminó en políticas de distanciamiento para contrabalancear su poder tanto en el terreno regional como mundial.

A nivel regional-siempre siguiendo el modelo teórico propuesto- el uso de significativos recursos simbólicos y materiales sirvieron para propagar el proyecto revolucionario. La amplia capacidad discursiva y  la utilización de términos repletos de carga histórica, le sirvieron a Chávez para obtener un notable consenso social en el subcontinente. La IV Cumbre de las Américas en el año 2005 sepultó definitivamente el proyecto de un área de libre comercio continental (ALCA) al sumar la negativa de Argentina y Brasil -lo cual significó una importante derrota para el “imperialismo” estadounidense.

La comunión ideológica que Chávez encuentra con Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador) y en general con la mayoría de presidentes latinoamericanos, hace que la zona sea aún hoy un terreno fértil para sembrar ideas de la revolución bolivariana.

A nivel extra regional se evidencia con mayor claridad el revisionismo chavista. Las redes de alianzas que Caracas privilegia atacan directamente los intereses de los EEUU: basta pensar sus vínculos con Irán. Es interesante notar como estas relaciones parecieran ser enmarcadas por criterios propios de la guerra fría: Pekín y Moscú se convierten de este modo –aunque sea en lo simbólico- en aliados (simbólicamente) vitales.

En el ámbito internacional la revolución encuentra un camino más estrecho. Grandes actores estatales acompañados por el establishment económico y financiero trasnacional no ven con buenos ojos al presidente del Palacio Miraflores. Y en este sentido, las elecciones de octubre son clave: si Chávez obtiene una victoria ajustada, sus “enemigos” externos no dudarán en emprender una ofensiva final, que obviamente será aprovechada por el “enemigo” interno.

 

Reflexiones

La revolución chavista tiene tres frentes de batalla: el primero tendrá su momento culminante el 7 de octubre en las elecciones presidenciales. Chávez tiene posibilidades de ganar; pero lo trascendente es un triunfo con amplio margen de votos, para relegitimarse y consecuentemente afirmar con fuerza el proyecto. Allí sería el momento de transferir parte del poder al Pueblo para mermar los altos niveles de paternalismo. En caso contrario la revolución sería un gigante con pies de barro; sus opositores tendrían la oportunidad de dar el ataque final.

El segundo es el frente regional, potencialmente fértil para las ideas bolivarianas.

El ámbito extra regional es el último frente de la batalla ideológica; adverso por el momento, dado que el orden internacional aún sigue siendo influenciado por “enemigos”. No solo Venezuela encuentra dificultades, sino que incluso aliados (simbólicos) como China y Rusia ven limitados sus márgenes de acción. Debido a esto, es probable si los resultados de las elecciones de octubre no son del todo positivos para la revolución, que el primer y tercer frente formen un único bloque de oposición y se empeñen en una campaña final contra Chávez; intentando incluso sumar-tal vez en vano-  al frente regional.

 


NOTE:

[1] Roberto Russell es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella (Argentina) y Juan G. Tokatlian es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés (Argentina).


[2] Comunicación popular para la construcción del socialismo del siglo XXI. “Chávez en la cárcel”. Disponible en internet: http://www.aporrea.org/tiburon/a93835.html


[3] Weber, Max. “Economía y Sociedad”.


[4] Ídem.


[5] Ídem.


[6] Término acuñado por Chávez para designar el cambio político económico y social comenzado desde su acceso al gobierno, basado en el ideario de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Consultar: http://www.revolucionbolivariana.org.mx


[7] Sistema político que se instauró tras el Pacto de Punto Fijo de octubre de 1958 entre los tres partidos políticos venezolanos para asegurar la estabilidad de la restaurada democracia. Este sistema no era visto por el chavismo como una auténtica democracia.


[8] Diario La Nación. “Revelan un plan militar en el caso de que muera Chávez”. Disponible en Internet: http://www.lanacion.com.ar/1464830-revelan-un-plan-militar-en-el-caso-de-que-muera-chavez


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